Puntos Clave

  • Woven City operativa: La "Fase 1" del laboratorio urbano de Toyota en Susono ha recibido a sus primeros residentes y equipos de investigación, con el sistema nervioso digital Woven City AI Vision Engine presentado en KAKEZAN 2026.
  • Amble One y XSTO X12: Un buggy eléctrico de 450 kg, 15 kW y 100 km de autonomía por 20.000€, y un robot todo terreno con chasis híbrido ruedas-orugas y auto-nivelación a 40 grados por 28.000 dólares.
  • Tres mercados rediseñados: Infraestructuras urbanas inteligentes, slow mobility de lujo y accesibilidad robótica avanzada convergen en 2026 como los tres ejes de la nueva industria de la movilidad contextual.

El mundo se mueve de otra manera. Y ya no tiene excusas.

Olvídense del viejo esquema. Durante años, el sector de la movilidad eléctrica jugó una sola partida: tomar un coche de gasolina, vaciarle el motor de combustión, rellenarlo de baterías y llamarlo futuro. Juego terminado. En 2026, quien todavía razona así está viendo la película equivocada. La industria ha dado un salto cualitativo que ya no tiene que ver con la propulsión, sino con algo mucho más profundo: la relación entre el vehículo, el entorno y el cuerpo humano. Tres historias, tres escalas, una sola dirección.

Toyota construye una ciudad. No, en serio.



Woven City, Amble One e XSTO X12: la mobilità del 2026 ri... - Foto 1

Empecemos desde arriba, desde lo macro, desde el gesto más ambicioso que un fabricante de automóviles haya realizado en la historia reciente. Toyota no ha lanzado un nuevo SUV. Ha construido una ciudad. Woven City, a los pies del Monte Fuji en la prefectura de Shizuoka, sobre las cenizas de la antigua planta Higashi-Fuji, ha entrado en su Fase 1 operativa. Los primeros residentes —llamados Weavers, los tejedores— ya viven allí. Las startups y los laboratorios de investigación ya trabajan allí. Ya no es un render arquitectónico en PowerPoint: es asfalto, código y personas reales.

El urbanismo de Woven City invierte toda lógica convencional al separar los flujos en una cuadrícula entrelazada: carriles dedicados a vehículos autónomos rápidos, recorridos mixtos para peatones y micromovilidad, y senderos exclusivamente peatonales. Pero el verdadero nervio al descubierto es la arquitectura de software. En el evento KAKEZAN 2026 —"multiplicación" de competencias, para quienes no dominan el japonés— Toyota desveló el Woven City AI Vision Engine, un modelo fundacional que actúa como sistema nervioso urbano en tiempo real: recopila datos visuales y ambientales, anticipa movimientos, coordina el tráfico y colabora con el sistema de seguridad integrado Integrated ANZEN System para prevenir accidentes antes de que ocurran. Junto a esto, el Woven City Infra Hub & Data Fabric permite que vehículos autónomos como los e-Palette pod, semáforos, robots y redes energéticas dialoguen de forma segura dentro de un ecosistema único.



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El mensaje es brutalmente claro: Toyota ya no es un fabricante de automóviles. Es un proveedor de ecosistemas de movilidad. Woven City es el banco de pruebas más radical jamás intentado a escala urbana real, donde la inteligencia artificial no se testea en laboratorio sino que convive con seres humanos de carne y hueso, cada día. Quien crea que esto no va a cambiar la forma en que diseñamos las ciudades durante los próximos veinte años, sencillamente no está prestando atención.

El lujo es no tener puertas. Bienvenidos a la slow mobility.

Bajemos de escala. Dejemos las infraestructuras y entremos en el habitáculo —o más bien, en la ausencia de habitáculo. Adrien Roose, el emprendedor que ya había revolucionado la movilidad urbana con las e-bikes de Cowboy antes de salir de la compañía tras la adquisición de la marca por parte del grupo francés ReBirth, ha vuelto. Y lo ha hecho con una startup llamada Amble, lanzada en Lisboa junto al diseñador industrial Julian Hoenig —con un currículum que incluye Apple y Audi— y al emprendedor del sector de la hospitalidad José António Uva.



Woven City, Amble One e XSTO X12: la mobilità del 2026 ri... - Foto 3

Su producto se llama Amble One. Está homologado para circular en vía pública. Pesa 450 kilogramos. Cuenta con un motor de 15 kW, una velocidad autolimitada a 65 km/h y una batería de 11 kWh que garantiza 100 kilómetros de autonomía, recargable desde cualquier enchufe doméstico convencional. Hasta aquí podría parecer casi banal. Pero entonces uno lo mira de verdad: sin puertas, sin pantallas digitales, sin esa cacofonía tecnológica que ha convertido los habitáculos modernos en salas de espera de un hospital de alta tecnología. Los materiales —aluminio, lona, cuero e incluso un volante de corcho— están concebidos para envejecer bien, para desarrollar una pátina natural con el tiempo. El vehículo que lleva las marcas del uso como debería hacerlo cualquier objeto de calidad.

El precio de salida es de aproximadamente 20.000 euros. Las primeras entregas de 2027 ya están asignadas al sector B2B de la hospitalidad de lujo: resorts costeros, fincas rurales, establecimientos donde la lentitud es el producto que se vende. Los consumidores privados tendrán que esperar hasta 2028. Roose tiene un nombre para lo que está haciendo: Slow Mobility. Eliminar la ansiedad tecnológica para reconectar físicamente al pasajero con su entorno. Un segmento que hasta ayer no existía sobre el papel, y que hoy ya tiene lista de espera.



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El robot que sube escaleras y no le pide ayuda a nadie.

Tercera escala, la más personal y quizás la más disruptiva. XSTO Mobility ha presentado el X12, y llamarlo silla de ruedas eléctrica sería un insulto tanto técnico como conceptual. La definición oficial es Embodied Mobile Robot, robot móvil encarnado. Posicionado en una franja premium de aproximadamente 28.000 dólares, el X12 está equipado con sensores LiDAR e inteligencia artificial que escanean el espacio tridimensional en tiempo real. Cuando el sistema detecta una rampa de escaleras o un obstáculo significativo, despliega automáticamente un sistema de orugas capaz de subir hasta 30 peldaños por minuto y de salvar huecos y obstáculos sin que el usuario tenga que intervenir en absoluto.

El verdadero golpe de efecto se llama Mengchong, el sistema de auto-nivelación a 360 grados. En una pendiente de 40 grados, el asiento compensa físicamente la gravedad en tiempo real, manteniendo al pasajero perfectamente horizontal respecto al suelo. El riesgo de vuelco —y sobre todo el miedo a volcarse— queda eliminado de raíz. Durante décadas, la accesibilidad ha significado adaptar lentamente las ciudades: rampas, ascensores, barreras arquitectónicas eliminadas ladrillo a ladrillo. XSTO ha elegido la dirección contraria: es el vehículo el que se adapta al mundo, no el mundo el que se adapta al vehículo.

El mercado global de ayudas a la movilidad vale más de 6.000 millones de dólares y crece a ritmo constante con el envejecimiento de la población en los países desarrollados. Con el X12, XSTO apunta a redefinir toda la categoría premium antes de 2028, año en que están previstas las primeras entregas a escala comercial en Europa y América del Norte.