Puntos Clave
- El diseño circular en el centro del debate: El enfoque de producto orientado a la reducción de residuos emerge como palanca primaria en la economía circular, con Vietnam y los mercados asiáticos a la vanguardia.
- IKEA PS Kollektion y KBTG AI Platform: Dos iniciativas distintas —una en el mobiliario de alta gama, la otra en la integración entre diseño e inteligencia artificial— redefinen los límites del sector.
- Expansión del mercado del diseño en Asia: Japón, Tailandia y Vietnam se consolidan como epicentros de una nueva sensibilidad proyectual que contamina ámbitos heterogéneos, desde el mobiliario hasta la papelería personal.
El diseño no es un problema estético. Es un problema estructural.
Existe un equívoco de fondo que sigue resistiendo en los debates sobre el proyecto contemporáneo: la idea de que mejorar un entorno —una oficina, un producto, un sistema organizativo— significa intervenir sobre su superficie visible. Colores, formas, proporciones. La realidad que emerge de la observación de las tendencias globales de este 2026 cuenta algo radicalmente distinto. El diseño, entendido como disciplina estratégica, dejó hace tiempo de ser una cuestión de gusto. Se ha convertido en un instrumento de política industrial, de sostenibilidad y, en algunos casos, de supervivencia empresarial.

Tomemos el caso más emblemático: el tema del diseño de los espacios de trabajo. La búsqueda obsesiva de la oficina perfecta —open space frente a despachos privados, standing desk frente a puestos tradicionales, vegetación ornamental frente a superficies neutras— ha producido una literatura interminable y resultados frecuentemente decepcionantes. El motivo es tan simple como incómodo: el problema nunca fue el diseño de la oficina en sí. Es la manera en que las organizaciones piensan el trabajo antes siquiera de amueblarlo. Ningún sillón ergonómico resuelve una cultura corporativa disfuncional. Ninguna iluminación circadiana compensa una gestión del tiempo patológica. El proyecto físico es el último kilómetro, no el punto de partida.
IKEA sube la apuesta: la PS Kollektion como manifiesto industrial
En este contexto, el movimiento de IKEA con la nueva PS Kollektion merece un análisis que va más allá del comunicado de prensa. El gigante sueco del mobiliario democrático —el que construyó un imperio sobre la replicabilidad y el precio accesible— elige deliberadamente desplazarse hacia un posicionamiento propio de un estudio de diseño de alta calidad. No es una contradicción: es una respuesta calculada a un mercado que se está fragmentando. Por un lado, el segmento bajo es atacado por fabricantes asiáticos con cadenas de suministro cortísimas y precios imposibles de igualar. Por otro, una franja de consumidores cada vez más amplia busca objetos con una firma proyectual reconocible, no necesariamente de lujo, pero capaces de contar una historia. La PS Kollektion se inserta exactamente en esa grieta, con piezas pensadas para durar, para ser reparadas, para ganar valor con el tiempo. Una apuesta nada trivial para una empresa que fundó su identidad sobre el úsalo-y-sustitúyelo.

Vietnam y la economía circular: el diseño como política
Desde el Sudeste Asiático llega, en cambio, una señal de naturaleza distinta, pero igualmente significativa. Vietnam está construyendo con creciente determinación una narrativa en torno al diseño circular: la idea de que la reducción de residuos no pasa por la recogida selectiva ni por los incentivos fiscales, sino por la fase proyectual del producto. Si un objeto está concebido para ser desmontado, reparado, reciclado o reabsorbido en la cadena productiva, el problema de los residuos se reduce en origen, no en destino. Es un cambio de paradigma que Europa lleva años debatiendo sin implementarlo con coherencia. Que llegue con fuerza desde Hanói es un dato que la industria occidental haría bien en no subestimar.
Tailandia y Japón: cuando el diseño se encuentra con la inteligencia artificial y la intimidad

Tailandia juega una partida aún más agresiva en el frente tecnológico. KBTG —el brazo tecnológico de uno de los principales grupos bancarios del país— ha lanzado una plataforma que integra diseño e inteligencia artificial con el objetivo declarado de transformar la organización interna. No se trata de una herramienta de productividad genérica: es un intento de aplicar la lógica proyectual a los procesos de toma de decisiones empresariales, utilizando la IA como amplificador. Es un modelo que podría extenderse rápidamente en mercados donde la presión hacia la transformación digital es altísima y la tolerancia a la experimentación es mayor que en Occidente.
Japón, por último, ofrece la nota más inesperada. En un país que siempre ha cultivado la cultura del objeto cotidiano como forma de arte menor, el diseño de los diarios personales se ha convertido en un fenómeno de masas con implicaciones comerciales concretas. El cuidado con que se diseñan libretas, agendas y cuadernos —materiales, encuadernaciones, gramaje del papel, sistemas de cierre— refleja una demanda de calidad percibida que va mucho más allá de la función. Es el mercado que dice, una vez más, que las personas están dispuestas a pagar por objetos concebidos con intención.
El hilo que atraviesa estos escenarios geográficamente distantes es uno solo: el diseño se está convirtiendo en una variable competitiva no delegable. Las empresas que lo tratan como un coste de acabado seguirán perdiendo terreno frente a aquellas que lo integran como disciplina estratégica desde la primera fase de desarrollo. Según las proyecciones del Global Design Economy Report, para 2028 los mercados asiáticos representarán más del 41% del gasto global en servicios de diseño, superando por primera vez al bloque europeo.
